La observación de fenómenos naturales, más allá de la formación científica del observador, es una actividad que nos conecta con nuestro entorno, del cual cada vez más nos alejamos. Levantar la vista y mirar al cielo, al mar en su plenitud y extensión, al movimiento de las copas de los árboles mecidos por el viento, o al lento caminar de un escarabajo por la vereda de un camino son acciones altamente recomendables para entender el tamaño justo de nuestra existencia en el escenario global y universal, es decir, para dimensionar con conciencia el valor exacto de papel del ser humano en la red en la que se mueve, en el espacio temporal y material en el que nos desenvolvemos.
El 12 de agosto de 2026, ayer, se produjo un fenómeno natural de alto impacto en el sistema solar. La luna tapó de manera total nuestra visión directa del Sol a nuestros ojos y esa circunstancia produjo algunos minutos de extraordinaria belleza dignos de documentar y observar. El eclipse de este mes de agosto, más allá de ser una situación extraordinaria que no se repetirá -en las mismas condiciones- hasta dentro de muchos años, forma parte de una triada de episodios astronómicos relacionados con el cruce de la luna con el sol visto desde la Tierra, y que podrán ser observados desde el territorio nacional. Lo han llamado Trío de Eclipses y, junto al de ayer, se completarán el 2 de agosto de 2027 y el 26 de enero de 2028. El segundo de ellos visible desde Ceuta y Melilla y parte de Andalucía, y el tercero, parecido al de ayer, recorrerá la Península de Suroeste a Noreste. Luego, habrá que esperar a pasados los años cincuenta de este siglo para ver espectáculos similares.
Este 12 de agosto se produjeron más de 1.500.000 desplazamientos en el país y se calcula que casi medio millón de nuevos visitantes -según datos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades- acudieron al territorio de la franja de totalidad movidos, como decía más arriba, por el interés de la observación del fenómeno. De donde salen estos datos se emanan también previsiones de ingresos que estos movimientos pueden generar, pero no caben en esta crónica que intenta destacar otros aspectos que van más allá de lo económico.
Esa franja de totalidad, es decir, los lugares en los que el Sol se pudo observar totalmente oculto por la luna aparentó ser una banda de las que usan los militares cruzando su pecho, desde Galicia al Mediterráneo, y con una anchura importante que atravesó la mitad norte de la Península. A las 19.30 horas, el sol, que en muchas partes de esta franja geográfica estaba en plenitud, comenzó a aparecer mordido por su extremo inferior. A partir de aquí comenzó un fenómeno astronómico del cual la mayoría de personas que se enfrentaban a él desconocían lo que iba a pasar. Falta de experiencia, me atrevo a señalar que pocos de los que estábamos allí, por no decir ninguno, habíamos vivido cosa igual.
La evolución del eclipse comenzó en Galicia, y en unos minutos, como una mancha de aceite, se derramó sobre la península, siendo visible en parcialidad desde muchos otros puntos, hasta desde Canarias.
La Costa da Morte fue el lugar elegido por miles de personas, para coronar, además un bonito día de verano. Municipios como Malpica de Bergantiños “despertó” con un aluvión de visitantes extraordinario. Su playa principal aparecía, desde bien entrada la mañana cubierta de bañistas y sus aparcamientos atestados de vehículos que reservaban espacio para asegurarse un lugar para el fenómeno.
La hora, aproximada, que duró el fenómeno generó entre ese público que describía más arriba comentarios de todo tipo. Indiferencia, sorpresa, aburrimiento… El proceso parcial del eclipse es bastante lento, aparecían unas nubes que cubrían la franja costera y muchas de las gafas especiales, por mucho que cumplieran la normativa de homologación no dejaban ver el proceso. Desilusión. Aun así, la mayoría de personas no abandonaron sus posiciones. Dejaban de mirar, algunos volvieron al agua a bañarse -pese a que estaba cerrada la zona de baño- otros jugaban a la pelota, tomaban una caña e un bar, o simplemente hablaban entre risas del “fraude” de las gafas por las que no se veía nada. Sin embargo, a las 20:25 anunciaron por la megafonía de los vigilantes de la playa que iba a comenzar la totalidad del fenómeno, dando, además, algunos consejos de seguridad frente a la observación directa.
Lo que ocurrió a partir de esos minutos no puede dejar indiferente a nadie. El sol se ocultó -ya sabíamos que iba a pasar- tras la luna y el escenario de la playa gallega cambió de una manera repentina y espectacular: la temperatura bajó, comenzó un atardecer forzado, el disco solar comenzaba a tomar una imagen inusual. No obstante, todo parecía normal. A las 20:27 el mundo se apagó de repente, quedando en el cielo un disco iluminado solamente por sus bordes. Las luminarias del alumbrado público se dispararon, el mar repentinamente se pausó en su oleaje, los pájaros -gaviotas en su mayoría- dejaron de volar. Y las personas que estaban frente al espectáculo natural se dieron cuenta, en realidad, que “estaba pasando algo extraordinario”. Fueron apenas 35 segundos. Algunas personas comentaron que ese lapso les resultó excesivamente corto, a otros -entre los que me incluyo- me resultó “un mundo”. Todos los sentidos funcionando al mismo tiempo para “paladear” algo inusual, algo “que no habíamos visto nunca”.
Una vez terminó la fase de totalidad, los segundos siguientes no dejaron de ser espectaculares. El desenlace volvió a amanecer el resplandor de esos segundos parecía sacado de una secuencia de Star Wars. Y de nuevo todo volvió a la normalidad. La luz del Sol recuperó su espacio en la tarde playera. Las personas, la mayoría sorprendidas y sonrientes comentaron esos 20, 30 segundos de impacto solar. Y la Tierra siguió su camino, la Luna el suyo y el Sol, nuestra estrella, siguió brillando impasible.
Con todo, y a manera de anécdota, apuntar que, en la playa, miles de personas se colocaron frente al poniente. Menos una familia de cuatro personas que, durante todo el eclipse permanecieron orientados hacia el levante, como haciendo contracorriente a lo que estaba pasando en el cielo, atrapados -los cuatro- por sus móviles, y comiendo papas fritas. Durante la fase de totalidad, cuando el mundo se apagó, no pude fijarme en lo que hacían, ni imaginarme lo que pensaban mirando a otro lado.
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