“La pregunta es sencilla: por qué, entre jóvenes que aún no tienen edad de atesorar recuerdos, ha cobrado tanta importancia el tema de la historia, la memoria y el archivo; por qué el pasado suscita más interés creativo que el futuro”, plantea Ramón Salas, comisario de ‘Melancolía. El pasado por venir’. La exposición llega a la Sala de Arte Contemporáneo (SAC) de Santa Cruz de Tenerife para indagar en una cuestión cada vez más presente en la creación joven: su relación con la memoria, el archivo y la nostalgia. . La apertura será este jueves 24, a las 12.00 horas y se podrá visitar hasta el 11 de noviembre en este espacio expositivo del Gobierno de Canarias.
Esta muestra es el resultado de la colaboración entre el área de Cultura del Gobierno de Canarias y la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna (ULL), que cada año acerca a este espacio el trabajo de estudiantes recién egresados o próximos a finalizar sus estudios a través de la curaduría de Salas, docente en Bellas Artes.
Así, la propuesta reúne las propuestas de Alejandra Arbelo, Ana Estrada, Leyla Lázaro, Miguel Martín, Daniel Martínez Montero, Joel Peláez, Irene G. Rossi y Marina Sunyer, junto a la artista invitada Isolina Díaz.
Un espacio para la creación emergente
Salas apunta como ‘Melancolía. El pasado por venir’ no pretende ofrecer una interpretación definitiva. Propone, en cambio, observar las sensibilidades que atraviesan actualmente la creación emergente y plantear preguntas sobre lo que revelan acerca de nuestro presente y de nuestra manera de imaginar el futuro.
Este interés por el pasado aparece, además, en un contexto marcado por la incertidumbre ante el futuro y la amenaza bélica. Frente a unas expectativas cada vez más difíciles de imaginar, la nostalgia puede funcionar como refugio y explicar, al menos en parte, el regreso de estéticas, símbolos y referencias vinculadas a otros tiempos. Una tendencia que trasciende los revivals de las industrias culturales y que también se manifiesta en la producción artística de las generaciones más jóvenes.
En este sentido, Ramón Salas entiende las aulas y talleres de la Facultad de Bellas Artes como espacios especialmente sensibles a los cambios culturales. Las obras del alumnado permiten observar nuevas formas de aproximarse a la creación, menos interesadas en formular discursos cerrados y más vinculadas a lo emocional, lo cotidiano, la memoria y la búsqueda de espacios de bienestar o reconciliación.


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