Hay recuerdos que no desaparecen. Se quedan tras una palabra que ya casi nadie utiliza, en una expresión que sobrevive en boca de los mayores, en una historia contada tantas veces que acaba formando parte de la memoria familiar. También en aquellas conversaciones sin prisa que podían alargarse durante horas en una cocina, una plaza, una tienda o a la sombra de un patio. De ese territorio, nace ‘Antaño’, el espectáculo con el que Maestro Florido se incorpora por primera vez al Festival Reíslas.
El humorista grancanario lleva desde 2003 dedicado profesionalmente al oficio de “artesano de la risa”, pero su materia prima procede de mucho antes: de las historias escuchadas a sus mayores, de las costumbres de las medianías y las cumbres, de los personajes que poblaron su infancia y de una manera de relacionarse que hoy parece cada vez más difícil de encontrar.
«La búsqueda constante de anécdotas, golpes y sucedidos que mantengan viva nuestra historia más reciente es el origen de ‘Antaño’. No se trata únicamente de recuperar chistes o costumbres, sino de volver a escuchar aquellas voces que durante generaciones fueron transmitiendo una manera de entender la vida”, explica. En ese trabajo de recuperación, la escucha tiene un papel fundamental. El humorista reconoce que siempre ha sido más observador que inventor, especialmente cuando se trata de acercarse a las generaciones que le precedieron. «Me gusta escuchar y observar, principalmente a nuestros abuelos y abuelas, que llevan la historia de esta tierra en las arrugas de su piel», señala.
Y es precisamente ahí donde ‘Antaño’ encuentra una de sus mayores riquezas: en una forma de hablar que también cuenta quiénes fuimos. Palabras, expresiones y maneras de construir una frase que han ido desapareciendo a medida que cambiaban las costumbres y los lugares en los que esas palabras tenían sentido. Para Maestro Florido, ese proceso es inevitable, pero recordar no significa quedarse atrapado en el pasado. «Mirar atrás, sin anclarse en él, es una manera de mantenerlas vivas», sostiene.
Y esa mirada hacia atrás no significa idealizar el pasado. De hecho, Maestro Florido reconoce que el público canario ha cambiado mucho en las últimas dos décadas. Lo que permanece, sin embargo, es la capacidad de reconocerse en determinados recuerdos. “Nos reímos con cosas de antaño porque nos transportan a nuestra niñez, a nuestra familia, a nuestro hogar, a nuestro pueblo y nuestra gente”, explica.
Una forma de vivir que, para Maestro Florido, está precisamente amenazada por la velocidad. “El relato largo es cansino para la ciudad actual, que consume todo en pequeñas dosis y con demasiada abundancia”, afirma. Frente a esa aceleración reivindica una manera diferente de relacionarse con el tiempo: “Alegar con pachorra es un privilegio que se respira todavía en medianías y cumbres”. Su defensa de esa pausa alcanza también a las personas mayores, uno de los grandes protagonistas de su imaginario. Ante una sociedad en la que aumenta el envejecimiento y preocupa cada vez más la soledad no deseada, Maestro Florido considera que los mayores siguen ocupando un lugar demasiado secundario. “Esta sociedad que nos empuja cada vez a correr más y más no se da cuenta de lo que le debemos históricamente a nuestros mayores. Faltan abrazos y sobran prisas”, sostiene.
La Canarias que reivindica el humorista está en las manos de quienes todavía mantienen vivos determinados oficios y formas de hacer. “En las manos que siguen haciendo queso, en las que siguen cuidando vacas, en las que son capaces de fabricar un timple, un cuchillo cabo pieza, en las que siguen sacando gofio y pan, en cualquier rincón donde habite un cachorro”, enumera. Desde esa perspectiva, su presencia en Reíslas, los próximos 10 de octubre en el Teatro Municipal Juan Ramón Jiménez de Gran Canaria y el 25 de octubre en el Teatro Municipal de San Bartolomé, en Lanzarote, tienen un significado especial. Maestro Florido siempre quiso formar parte del festival, aunque llegó a pensar que su particular manera de hacer humor quizá no encajaría, “pensé que mi humor de ‘Antaño’ no tenía cabida en un festival tan moderno como este”, reconoce.
Esa reivindicación de la memoria atraviesa una trayectoria profesional que comenzó en 2003 y que le ha llevado por escenarios, radio, televisión y diferentes campañas publicitarias. Desde Lomo Magullo, Telde, donde nació el personaje sobre el nombre de Jose Francisco Florido, ha construido una manera reconocible de contar que bebe directamente de la oralidad y de la observación de su entorno. Su célebre “Muy buenas a prácticamente tol mundo” se ha convertido en una de sus señas de identidad. Cuando se le pregunta a quién dejaría fuera de él en la actualidad, responde sin demasiadas dudas: “Precisamente esa gente que hoy y siempre han hecho daño con guerras, genocidio, homofobia, maltrato, etc., están excluidas del saludo. De ahí ese prácticamente que acompaña desde hace años cada presentación”, recalca.
“En ‘Antaño’ conviven así la risa y cierta necesidad de recordar. El espectáculo estça lleno de historias que contienen buena parte de la memoria de una generación. Historias de niños que jugaban con tierra y mocos, que se entaliscaban por las laderas buscando un palo con forma de Y para fabricar una tiraera; historias de pueblos, de familias y de una forma de relacionarse que hoy parece cada vez más lejana”. Y entonces…, ¿qué ocurriría si aquellos hombres y mujeres que inspiraron sus personajes pudieran contemplar la Canarias de 2026? “Si hacemos un símil con un terno nuevo, pues sentirían que la chaqueta vieja iba al sitio y este no encuentra el aplomo, pero está bonito, oyó”.
El festival, organizado por Reíslas, cuenta con la colaboración del Gobierno de Canarias a través del Instituto Canario de Desarrollo Cultural (ICDC), así como de los Cabildos Fuerteventura y La Gomera y de todos los ayuntamientos de los municipios en los que se celebra, a los que se suma también el apoyo de la empresa Cicar, el restaurante Centro de Guayadeque y Spar Gran Canaria.


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