Editorial Anagrama

Editorial Anagrama

En 2024 Anagrama publicó La llamada, un retrato, de la periodista argentina Leila Guerriero. Dos años han pasado desde esta salida editorial hasta que ese volumen ha llegado a mi mesita de noche. Entre mis inclinaciones literarias, entre la atención que presto a la mesa de novedades de la librería no se encontraba, en ningún lugar, el nombre de esta escritora. Es verdad que de un tiempo a esta parte me he convertido en un lector libre, a la deriva, que no presta atención a la publicidad ni a las recomendaciones en las redes sociales. Me he jubilado de éstas, y eso quizás juegue en mi contra y me condena a “perderme” determinados fenómenos a los que antes prestaba más atención.

Sin embargo, los amigos siguen siendo, para mí, una excelente fuente de información literaria. Los amigos, los y las, conocen a uno y, en algunos casos, se convierten en prescriptores más que válidos de cosas que pueden ser del todo interesantes. Por mi parte, cada cierto tiempo escribo esta columna diciendo lo que me ha parecido este o aquel libro. Y eso sucedió con la reseña de Despedidas, de Julian Barnes. Un amigo se sintió impelido -me felicito de que la lectura de mi crítica lo haya movido a eso- a leer la última obra del inglés. Y como sabe lo que me gusta, cuando me pidió prestado Despedidas me trajo La llamada. Cosa que le agradezco enormemente.

Hace un mes yo no sabía, como ya he señalado, quién era Leila Guerriero. Y mucho menos quién era Silvia Labayru. Hace un mes, yo tenía una cierta información sobre la dictadura argentina de los setenta, y poco más. Hace un mes, podría decir, que tampoco me interesaba mucho este asunto. No obstante, me valieron cuatro páginas para rendirme a todo eso.

Y simultáneamente a la lectura comencé un viaje frenético por los hechos que conmocionaron al país latinoamericano con la desaparición y asesinato de miles de personas por sus ideas, las salas de tortura, los bandazos políticos, los regímenes oligárquicos del gobierno, los regímenes dictatoriales de los montoneros, los complejos, las amenazas, las torturas, las violaciones, las despedidas, las ausencias, las cuentas saldadas, las cuentas sin saldar, los juicios, las sospechas, los perdones, los amores, el sexo, las violaciones, el deseo, el exilio, el volver -con la frente marchita o no-, y en general la vida.

Concentrada en una larga entrevista vital convertida en libro, escrita por una periodista concienzuda (no desaparece la ética de mi profesión -casi muerta en estos días- en ninguna de las páginas que he leído) y una protagonista cuya existencia se construye sobre las cenizas de hechos absolutamente devastadores. Éste no es un libro sobre la dictadura, ni sobre política (es más, creo que entiendo mucho menos ahora todo lo que ocurrió en la Argentina en esos años). Este es un libro sobre la vida, sobre los vientos que la conducen y sobre los puertos a los que llega. La travesía está trazada sobre una carta de navegación preciosa, minuciosa y completa, tanto, que no he podido sustraerme ni un solo segundo a toda ella.

Silvia Labayru fue una militante montonera víctima de secuestro en la Escuela de Mecánica de la Armada (la ESMA), el lugar del horror. Salió con vida de allí. A partir de ese momento fue una represaliada de los suyos. Salió también con vida de allí. Le costó, pero salió. Con esas dos circunstancias se arman estas páginas. Habría sido fácil caer en tópicos y lugares comunes. Pero Guerriero no se deja. Y la obra que presenta es un golpe de realidad que nos dice que somos más allá, y que en el trabajo de llegar a “ser” construimos el verdadero edificio de nuestra existencia.

Mi amigo no se equivocó. No necesito las redes sociales para “conseguir” buenas lecturas. Necesito amigos de verdad.