Eduardo Millares Sall, popularmente conocido como ‘Cho-Juaá’, fue pintor, caricaturista y humorista gráfico. Destacó en este último campo dentro y fuera del contexto isleño, contribuyendo a difundir en la España franquista así como en los inicios de la democracia, otras formas de expresión artísticas, impregnadas de irónico sentido del humor.

El día 24 de marzo, a las 19.00 horas, se presenta en la Biblioteca Insular el libro que publica Ediciones Idea, ‘Caricaturas’, en el que su hija, Malena Millares Ley, recoge la faceta menos conocida del artista y en el que pueden apreciarse más de quinientas obras con las que el autor inmortalizó a lo largo de su vida a infinidad de personajes. Prologado por el historiador y periodista Francisco Pomares, el volumen avanza al lector numerosas viñetas “de personajes tanto internacionales, nacionales como isleños, relacionados con la sociedad, la política y el arte”, como comenta Malena Millares.

‘Caricaturas’, cuya presentación contará con la presencia de la Asociación Canaria de Humoristas Gráficos y Caricaturistas ‘Se nos fue el Baifo’, de la cual Malena Millares es miembro, nos muestra la dimensión de un intelectual que con su obra trascendió fronteras otorgándole un reconocimiento nacional e internacional. En el acto asimismo estarán presentes, además de Malena Millares, el actual presidente de la asociación, Carlos Rodríguez Hernández ‘Carlines’, el caricaturista Néstor Dámaso del Pino e Iván Bethencourt Betancor, hijo del artista multidisciplinar Rafely, quien fue amigo de Eduardo Millares.

Humor afilado

Según el editor y prologuista, Francisco Pomares, Millares fue un pionero en “entender la caricatura como documento social, como archivo de la vida cotidiana”. Para él cada dibujo de Millares tiene el valor de un testimonio histórico: las modas, los conflictos políticos, los rostros del poder, los símbolos de la cultura popular. “También implica un ejercicio de síntesis estética: la economía del trazo, la precisión del gesto, la elegancia de la composición”, explica.

Pomares destaca que la tarea de búsqueda y clasificación realizada por su hijo Eduardo, tiene un “valor que va más allá de lo familiar o sentimental: es una contribución al patrimonio gráfico de Canarias. Gracias a ese esfuerzo —reconoce— hoy podemos leer y ver la historia reciente del Archipiélago desde una perspectiva distinta, la del humor y la inteligencia del trazo.

“Su humor, afilado, pero nunca cruel, tenía la rara virtud de hacer pensar sin herir, de invitar a la complicidad sin caer en la burla. En su línea se reconocen los matices de una tierra que aprendió a sobrevivir con una sonrisa irónica, a convertir las carencias en ingenio y la distancia en mirada lúcida”, expone Pomares.

Su hija y autora de ‘Caricaturas’, Malena Millares, cuenta que de niña nunca valoró lo que tenía en casa con su padre. “Pensaba que los de mis amigas del colegio pintaban, que eso era lo normal en todas las familias. Pero no era así. Lo veía a diario en su estudio, absorto en sus dibujos, con el pincel de un lado para a otro, con los labios apretados mientras creaba, y el gesto elegante que le caracterizaba”, recuerda.

La hija sostiene que cuando era adolescente supo de verdad quién era su padre y empezó a admirarlo mucho. “Era un hombre bueno e introvertido, pero muy socarrón”, recuerda. Malena Millares considera que su sensibilidad, canariedad e ingenio hicieron de él un artista “único reconocido por todos”. Ella siente que, “donde quiera que lata su corazón ahora, estará muy feliz con este libro de caricaturas, como lo estamos sus hijos y el resto de la familia”.

Gracias a su talento y su constante trabajo, Eduardo Millares se convirtió en impulsor de lo que hoy se identifica como “canariedad”. En 2024 se conmemoró el primer centenario del nacimiento de Eduardo Millares (1924-1992). Supo retratar, con aguda sensibilidad y fina ironía, las tradiciones y costumbres del Archipiélago a través de viñetas costumbristas que marcaron a diferentes generaciones. Su obra, publicada diariamente en el periódico Diario de Las Palmas, lo ha convertido en figura imprescindible del humor gráfico en las Islas Canarias y referente indiscutible para las generaciones posteriores de autores. Son muy populares, por ejemplo, las viñetas en las que destaca su visión personal de la relación del residente en las islas con los turistas, coincidiendo con la irrupción del turismo en Gran Canaria a comienzos de la segunda mitad del siglo XX.

Integrante de la destacada familia Millares en la que destacaron numerosos creadores, desarrolló una sólida y polifacética carrera, brillando especialmente como pintor, dibujante y caricaturista. Eduardo Millares Sall nació en Las Palmas de Gran Canaria el 21 de junio de 1924, siendo el quinto de ocho hermanos, todos ellos figuras destacadas en las letras, la pintura y la música. Su primera exposición de caricaturas fue presentada en 1944 en el Club P.A.L.A., ubicado en el Paseo de Las Canteras durante la década de los cuarenta. Su obra como caricaturista tuvo proyección internacional, con exposiciones en ciudades como Manila, Tokio y San Francisco. Fue cofundador de la Agrupación Vanguardista Canaria de Caricaturistas Personales, cuyas obras fueron expuestas en los Salones de Humor del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

En 1953, inició su colaboración en el Diario de Las Palmas con una viñeta diaria titulada Humor isleño, que firmaba como Cho-Juaá, tarea que llevó a cabo durante 34 años, hasta 1986. Publicó viñetas de humor deportivo bajo el seudónimo de Orsai y colaboró con varias publicaciones, incluyendo el semanario Sansofé. Eduardo Millares Sall falleció el 8 de octubre de 1992 en su ciudad natal y fue nombrado en 2013, a título póstumo, Hijo Predilecto de Las Palmas de Gran Canaria y del Cabildo de Gran Canaria. También su legado fue distinguido con el prestigioso ‘Bayfo de Oro’ en 1965.

En la actualidad, para muchos, resulta difícil concebir la identidad visual y el imaginario popular de Canarias sin sus personajes y escenas, que continúan siendo guía e inspiración para quienes defienden la caricatura y el humor gráfico como patrimonio cultural de nuestras islas.